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Martinelli ya tiene claro su futuro

Con gesto serio y pensativo, el expresidente panameño Ricardo Martinelli clava sus ojos en el fiscal Harry Díaz, mientras éste pide sentenciarlo a 21 años de prisión por presuntamente dirigir una red de espionaje contra adversarios de su gobierno (2009-2014).

11 julio 2018 |


Poco antes, el exmandatario, de 66 años, leía un libro con la ayuda de un bolígrafo. Por momentos, se tapa la cara, cierra los ojos, se rasca la mejilla y bosteza.

También mira su reloj digital o conversa con su equipo legal, aunque lo hace con menos efusividad que hace un mes, cuando fue llevado por primera vez a la Corte Suprema de Justicia.

De aquel Martinelli que mostró con orgullo sus esposas y gritó arengas a la entrada de la audiencia, ha pasado a mostrarse como un hombre cabizbajo que acude a la corte con libros con titulares sugerentes como "La traición de Roma" o "La venganza de Hitler".

Martinelli "está en una situación a la que no está acostumbrado, está solo en una celda y está limitado de todas las bondades que le daba la vida. Es un rey sin corona", dijo Mitchell Doens, uno de los querellantes en el caso contra el expresidente.

Para este abogado, el exgobernante tiene una situación judicial "muy difícil" porque "el expediente es muy robusto, tiene muchos testimonios, testigos y documentación".

"Le va a ser muy, pero muy difícil, por no decirte imposible, que salga bien librado de la situación que está pasando", señaló Doens.

El lunes pasado, el fiscal Harry Díaz solicitó al juez de garantías, Jerónimo Mejía, 21 años de prisión contra Martinelli por ordenar "interceptaciones ilícitas de las comunicaciones".

Según el fiscal, el expresidente dirigió "un aparato organizado de poder que actuaba al margen del Estado" para realizar "actividades de espionaje político" contra unas 150 personas, lo que implicó "una violación constante y sistemática a la intimidad y a los derechos humanos".

El exmandatario fue extraditado a Panamá el 11 de junio desde Estados Unidos, donde estuvo encarcelado un año en una prisión federal de Miami.

A las pocas horas de llegar a su país fue llevado al hospital, donde permaneció ingresado varios días por hipertensión y arritmia.

Durante estas semanas, a Martinelli se le ha podido ver brincando en la cárcel, llegar en short a la audiencia tras ser sacado a la fuerza de su celda por la Policía por su negativa a comparecer ante el juez, o vestir la camiseta de la selección panameña de fútbol.

También creó polémica por negarse a tomar sus medicinas, lograr la suspensión de una audiencia para ir al dentista o pedir una empleada doméstica para limpiar el lugar donde permanece detenido, además de un equipo de sonido, televisión por cable y un televisor de 45 pulgadas, según medios locales.

"Para un hombre con tanto poder y recursos debe ser una cosa muy terrible" enfrentar la justicia, dijo a la AFP la querellante y excandidata presidencial en 2009, Balbina Herrera.

"Este es un tema sumamente delicado para él y, por supuesto, de la euforia que tenía, ha pasado a una preocupación", añadió.

Pese a las acusaciones, Martinelli dice ser víctima de un montaje del gobierno de Juan Carlos Varela, su antiguo aliado, para inhabilitarlo políticamente.

Sus abogados han solicitado prisión domiciliaria para el exmandatario por problemas de salud y han presentado numerosos recursos contra el proceso, todos ellos desechados por el juez Mejía y por las víctimas, quienes creen que se trata de tácticas dilatorias para eludir la justicia.

"Desde el día uno se están violando de manera reiterada los derechos humanos del expresidente Martinelli. Su vida está siendo puesta en peligro de manera irresponsable por las autoridades panameñas", dijo a la AFP Luis Eduardo Camacho, vocero del exgobernante.

"Esto puede desencadenar en una muerte súbita" porque "los diferentes exámenes certificados por especialistas indican con toda claridad que él tiene un serio problema coronario", añadió Camacho.

Multimillonario empresario de supermercados, Martinelli accedió al poder con un discurso contra la corrupción, pero tras su paso por el gobierno acumula una veintena de investigaciones por diferentes escándalos.

"Aquí sencillamente hay una mano negra detrás de mi caso (...) Yo soy inocente", dijo Martinelli durante una de las audiencias, en las que ha llegado a espetar al juez: "Yo sé que usted no gusta de mí, me odia por razones que desconozco, pero eso no importa".

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