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Kia Sportage 2.0 CRDi VGT 4×2 136 CV GT Line

El Kia Sportage es el modelo más vendido de la marca coreana en España con 8.515 unidades matriculadas en lo que llevamos de año. En esta ocasión, nosotros probamos la versión diésel de 136 CV, que se sitúa justo en el medio de las tres motorizaciones de este tipo que ofrece la gama en la actualidad. Asociada al acabado deportivo GT Line.

16 julio 2017 |


Pese a que el segmento al que pertenece el Sportage está muy poblado y competido, la opción coreana nos parece la más interesante en estos momentos. Lo es porque no encontramos un modelo equivalente en calidad, precio, equipamiento, habitabilidad interior, cualidades prácticas, confort de marcha y comportamiento dinámico, tanto en carretera como fuera de ella. Se trata de un coche muy completo y conseguido que cumple con creces en todos los apartados, siendo el equilibrio el denominador común.

Exteriormente, no cabe duda que es un coche atractivo por su estética claramente deportiva, a la vez que elegante. Esta sensación de buen coche también está presente en el habitáculo, donde la sensación de calidad está presente en todos los rincones.

El diseño lateral del salpicadero lo divide claramente en dos zonas: monitorización y control. La zona de monitorización está centrada exclusivamente en proporcionar la información a los ocupantes de la forma más clara posible, a través de la instrumentación para el conductor y el interfaz HMI (human-machine interface), con una pantalla opcional de 7,0 ó 8,0 pulgadas en el centro del salpicadero.

Bajo una clara línea que recorre a lo ancho el salpicadero está la zona de control, con una consola central que se extiende hacia abajo y está orientada 7,2 grados hacia el conductor. Con muchas funciones ahora localizadas en la pantalla táctil del sistema opcional de infotainment y navegación, este salpicadero ofrece una disposición muy ergonómica, con las funciones en la zona de control diseñadas para ser claramente visibles en marcha.

El interior del Sportage solo está disponible en España en color negro. Los clientes que encarguen una versión GT Line, que es la protagonista de esta prueba, podrán disfrutar de un aire más deportivo, con un volante de cuero en forma de “D”, salpicadero negro brillante de gran calidad y pedales de
aluminio.

La calidad de los materiales del interior es equivalente a otros modelos similares. Lo que más nos ha gustado es la sensación de solidez y el buen acabado de todas las piezas, que están ensambladas de manera notable sin generar crujidos como en otros coches de superior categoría y precio.

Gran amplitud en las plazas traseras

Uno de los puntos en los que destaca el Sportage, es el gran espacio que ofrecen las plazas traseras, que nos parece de lo mejor que podemos encontrar en su segmento. Gracias a una batalla que ahora es 30 mm más larga, el espacio disponible para las piernas es enorme. La cota en anchura y altura también es
destacable, incluso para personas altas y corpulentas.

Para mejorar el confort en las plazas traseras, el respaldo trasero se puede inclinar en 7 pasos, desde 23 hasta 37 grados, y la palanca para hacerlo ha pasado de la parte superior del respaldo a la parte inferior del asiento, por lo que resulta más cómoda de manejar. Además, en la plaza central hay un apoyabrazos con dos posavasos integrados.

Ni que decir tiene que las plazas delanteras son muy confortables, no solo por amplitud, sino también por lo buenos que son los asientos, que guardan un gran equilibrio entre confort y sujeción. En este apartado, el Sportage también supera a todos sus rivales.

El maletero ofrece un volumen generoso (503 litros), una cifra que se puede incrementar hasta los 1.480 litros si se abaten los respaldos de los asientos posteriores. Una vez abatidos, éstos quedan perfectamente enrasados con el piso del mismo. Pero no sólo es tiene una gran capacidad, también es práctico. La bandeja, cuando no se utiliza, se puede guardar debajo del piso (queda perfectamente sujeta y escondida).

Un motor equilibrado y eficiente

El motor turbodiésel de 2,0 l está disponible con dos niveles de potencia: 136 CV con 373 Nm de par y 184 CV con 400 Nm. Ambos tienen los beneficios de un bloque motor 5 kg más ligero, un sistema avanzado de gestión de la batería, una bomba de aceite de volumen variable continuo, que registra y ajusta la presión de aceite en tiempo real, y un nuevo módulo del filtro de aceite.

La temperatura de combustión más baja en el motor R de 2,0 l reduce la emisión de NOx para cumplir con los estrictos estándares actuales. También contribuyen a ello la relación de compresión relativamente baja, un nuevo radiador para el gas de escape recirculado y un nuevo dispositivo de absorción de NOx. Una turbina de baja inercia en el turbocompresor y una válvula de descarga controlada electrónicamente producen una turboalimentación más eficiente que en el motor R del anterior Sportage. Los muelles de válvula más duros y una bomba de inyección de alta presión, con 2.000 bar, permiten un control más preciso de la combustión en los cilindros.

El nivel de NVH también ha mejorado drásticamente en el diésel de 2,0 l mediante una cubierta del motor resistente al calor, una cubierta de la cadena de distribución con aislamiento acústico integrado, material absorbente del sonido sobre el filtro de partículas diésel y un nuevo aislamiento acústico en los conductos del intercooler. También se ha reducido el rozamiento con un recubrimiento del pistón con nanodiamantes, lo que supone una reducción adicional de ruido del motor y una mejora del rendimiento. Estas mejoras se notan de manera palpable, aunque a nosotros nos sigue pareciendo un motor algo ruidoso cuando se arranca en frío. Nada criticable y reseñable, ya que el Sportage mejora con creces a muchos modelos equivalentes.

Nosotros probamos la versión menos potente (136 CV), que sorprende por su excelente rendimiento y que es probable que sea la más equilibrada y recomendable de la gama. Este motor sorprende por lo bien que mueve la tonelada y media que pesa esta versión, tanto en la parte baja del cuentavueltas como, por supuesto, en la zona media, donde la fuerza de esta motorización se hace muy presente.

Este propulsor únicamente se puede asociar a una caja de cambios manual de seis velocidades, que no resulta excesivamente densa a la hora de manejarla y que hace gala de unos desarrollos muy bien elegidos para guardar un buen compromiso entre consumo y prestaciones. De hecho, el consumo resulta moderado teniendo en cuenta el tamaño y la masa de este vehículo. Según nuestras mediciones, obtuvimos una media de unos 6,7 litros a los 100 kilómetros en carretera circulando a velocidades legales, una cifra que se puede incrementar hasta los 7,6 litros cuando se circula en ciudad. Sin duda, muy buenas cifras en ambos casos (ver todos los datos y especificaciones técnicas de esta versión).

Sensaciones de un segmento superior

Como en el modelo anterior, el Sportage se sigue ofreciendo con tracción delantera o tracción total. Nuestra unidad de pruebas estaba asociada a un sistema de tracción delantera y al acabado GT Line, que es el más deportivo de la gama. El Sportage es un coche que transmite mucha calidad y aplomo cuando nos ponemos en movimiento. En carretera, ofrece la estabilidad de un turismo, ya que los balanceos y cabeceos de la carrocería, ante un apoyo en curva, una frenada o una contundente aceleración, están muy contenidos y permiten que este coche se mueva con agilidad y eficacia en todo tipo de trazados. Además, la suspensión filtra muy bien las imperfecciones del firme para brindar más confort y refinamiento que cualquiera de sus rivales.

Fuera del asfalto, es un coche que aprueba con nota y que cuenta con ayudas, como el control de descenso, que nos permite adentrarnos por terrenos complicados con facilidad. Y eso que nuestra unidad de pruebas, como es lógico, estaba más pensada para carretera por el tipo de llanta y neumático. Por motricidad y frenada, también es un coche que responde de manera sobresaliente.

Esta cuarta generación está equipada con una dirección de asistencia eléctrica que tiene el motor en la cremallera (R-MDPS), de serie en todas las versiones del Sportage en Europa. Al estar directamente en la cremallera, en vez de en la columna de dirección, el nuevo sistema R-MDPS proporciona un mejor tacto y una respuesta más rápida y lineal al volante, particularmente alrededor del centro. Con esta dirección aún más eficaz, el nuevo Sportage se sitúa entre los más ágiles SUV de su segmento, sin penalizar el confort de suspensión y la estabilidad que los clientes esperan de un vehículo de este tipo.

Equipamiento de primera línea

Las posibilidades de equipamiento del nuevo Sportage pueden ser muy amplias, algo que le permite situarse entre los mejores de su categoría. Entre todo lo disponible, cabe destacar elementos como el asistente de frenada de emergencia, aviso de cambio involuntario de carril, ópticas adaptativas, sistema de reconocimiento de señales de tráfico, sistema de detección de ángulo muerto, asistente de frenada de emergencia, alerta de tráfico trasera, nuevos sistemas de navegación, equipo de sonido firmado por JBL, cámara de visión trasera, portón automático inteligente, volante calefactable, asientos climatizados e iluminación dinámica en curva entre lo más destacable. Además, para rematar la faena a la perfección, Kia ofrece una garantía de 7 años o 150.000 km de serie (ver todos los detalles de su equipamiento).

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