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Copa Libertadores por fin sera un evento deportivo

La segunda final de la Copa Libertadores de América entre los argentinos River Plate y Boca Juniors, se jugará en la Ciudad de Madrid, luego de la decisión comunicada por la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol).

04 diciembre 2018 |

La determinación del órgano rector del fútbol sudamericano obedece a varias cuestiones. Para encontrar el origen del problema hay que ir bastante mas atrás, del hecho que determinó la suspensión del partido.

La crónica dirá que el micro que trasladaba al plantel de Boca Jrs fue apedreado al llegar al estadio de River, sufriendo lesiones varios futbolistas, y llevando la peor parte, el capitán, Pablo Pérez.

La lógica indicaba que el partido no podía desarrollarse en esa situación, por el estado, no sólo físico sino emocional en que se encontraban Pérez y compañía. El tema se iba a poner más complejo a partir de ahí, por la puja entre los dirigentes de ambas instituciones de imponer su voluntad.

Vale la pena retroceder algunas horas y ubicarnos en lo que ocurrió el día anterior a la fecha fijada para el partido. Hubo un allanamiento al domicilio de Héctor 'Caverna' Godoy, reconocido como líder de la barra brava de River. Allí se encontraron 300 tickets para el partido y 10 millones de pesos, producto de la reventa de entradas.

Este episodio, el negocio desbaratado, y los tickets incautados, que dejaban a 300 barras afuera del estadio, generaron la represalia del día siguiente, con el ataque al micro de Boca. Es increíble que con un antecedente de esta naturaleza, ocurrido horas antes, no se hayan extremado las medidas de seguridad en el arribo del plantel visitante.

Es más, se puede afirmar que el operativo fue mucho mas laxo que en otras oportunidades, con lo cual se evidencia una clara negligencia, por no decir complicidad. La zona estuvo directamente liberada, en la llegada del micro de Boca, que quedó a merced de todo el público de River, donde la mayoría no son violentos, pero los vándalos se mezclan en la multitud.

Estos episodios demuestran que el fútbol argentino tiene una estructura corrupta que es muy difícil desterrar, y que lo ocurrido en el estadio de River, fue sólo un síntoma más. De esto ya hemos hablado en detalle, y en muchas oportunidades, en este mismo espacio.

El negocio de la reventa de entradas, es uno de los muchos ingresos de dinero que tienen todas las barras bravas en la Argentina (sin contar los cuida-coches, los puestos de comida, bebida y merchandising, etc).

La vinculación directa que tienen los jefes de cada barra con los dirigentes de su club. Sería imposible que el 'capo' de esa barra tenga los tickets en su casa, de no mediar el contacto con la dirigencia del club en cuestión.

El papel de la policía, organismo que parece interesado en mantener la mecha de la violencia siempre encendida, siempre a punto de estallar, para no bajar la cantidad de efectivos en

cada operativo. Hoy no hay público visitante en los partidos de la Superliga Argentina, y sin embargo los operativos nuclean cerca de 1000 efectivos (en esta final eran 2700, sólo para público de River).

Si en un período de tiempo sostenido, deja de haber incidentes, los operativos bajarían su cantidad de agentes afectados. Si un operativo policial para un partido tiene 500 policías, en lugar de mil 500, habrá mil efectivos que dejarán de cobrar el adicional, que en la mayoría de los casos, nutre su sueldo de bolsillo.

Por eso es que el negocio de la violencia no se soluciona nunca. Volviendo a los vestuarios del estadio Monumental, comenzó una puja de intereses entre los dirigentes de ambos clubes, tratando de demostrar quién jugaba la carta más fuerte.

La Conmebol tampoco estuvo a la altura de la circunstancia, porque en principio, quería hacer jugar el partido un par de horas después, cuando no estaban dadas las condiciones. Incluso hubo negligencia en la constatación de la lesión de Pérez, mediante un médico que claramente no era oftalmólogo.

Hasta hubo impericia en la comunicación de este punto.

Finalmente, los dirigentes de ambos clubes y la Conmebol firmaron un documento en el que se comprometieron a postergar el partido por 24 horas, y desarrollarlo en el mismo estadio de River y con público local.

Al día siguiente Boca Jrs. hizo pública su voluntad de pedir los puntos ante la Conf. Sudamericana, porque adujo que los hechos guardaban relación con lo ocurrido en la Libertadores 2015.

En aquella oportunidad Boca fue descalificado por la agresión de un hincha boquense a los jugadores de River, con gas pimienta. Boca comete un error al plantear que la situación es idéntica a la del 2015. En aquel momento ya se habían jugado 45 minutos y la agresión fue dentro del estadio.

Esto cambia, no solamente el lugar del hecho, sino lo que hubiera sido el desarrollo posterior (no es lo mismo reprogramar 45 o 55 minutos que 90). Además, aquello fue en octavos de final, y esta es la final decisiva. La entrega de la copa.

Aunque parezca antipático decirlo... alguien podía pensar que esto se iba a resolver en el escritorio, prescindiendo de jugar el partido con todos los compromisos comerciales que existían?

Daniel Angelici, presidente de Boca, tomó el asunto como una pulseada personal, una devolución de factura por un hecho sufrido hace 3 años, y que tuvo definición en un escritorio. Por eso quería la misma resolución.

En lo que si tiene razón el club boquense es que tanto en 2015 como en 2018, la agresión existió, y los futbolistas no estaban en condiciones de jugar. Por otra parte, River se equivoca al decir que no tiene responsabilidad. No estamos hablando solamente del operativo policial y si el hecho ocurrió dentro o fuera del estadio, o a cuántos metros.

Hablamos del allanamiento a Godoy, el problema que degeneró en el ataque al plantel de Boca y una responsabilidad que merecería ser enfocada, y no dejarla pasar envuelta en la vorágine de la final.

También la responsabilidad de los organismos de seguridad, que liberaron la zona de forma increíble, dejando una imagen muy pobre para lo que es estructura de seguridad nacional.

Días antes, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich había dicho pomposamente que 'si el país podía organizar un G 20, lo del Boca-River parece algo menor'. Frase tan desafortunada como su gestión (y toda su trayectoria política).

Finalmente, la Conmebol tampoco estuvo a la altura del asunto. Primero, intentando hacer jugar por todos los medios, aún el mismo día del partido, y cuando la situación no daba para eso. Está claro que siendo una final, hay compromisos que obligan a jugar, como sea, de cualquier manera.

Pero hay que mostrar coherencia, y saber que cada decisión que se toma sienta un precedente.

Como concepto madre, la reglamentación vigente debe valer tanto para el primer partido, como para la final, y los partidos deben definirse en la cancha. Siempre.

Por último, el ente rector del fútbol sudamericano, no perdió de vista que una nueva final también era un nuevo negocio, y evaluó las distintas ofertas. Desde jugarlo en Asunción del Paraguay, pasando por Medellín, Belho Horizonte, Miami y Doha.

En definitiva, la decisión recayó en el Santiago Bernabeu, estadio del Real Madrid, por sugerencia de la FIFA. Una derrota gigante para el fútbol y la sociedad argentina.

Después de tantos años de esperar por una final que enfrentara a los máximos representantes de nuestro fútbol decidiendo el título de campeón continental, el público argentino se queda sin

su fiesta. Una derrota tremenda para el fútbol de América, porque teniendo muchas opciones en nuestro continente, la copa se va a entregar en un escenario europeo.

Para terminar, casi como una ironía, esta copa se llama Libertadores de América, en honor a los padres de nuestra independencia (San Martín, Bolívar, Belgrano, Güemes, Sucre). Ellos combatieron para emanciparse del imperio español...La Copa Libertadores se va a definir en la capital española.

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